La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —De ellos y de vos he respondido a Su Majestad; seguidme, señora.
Y dirigiéndose a madame de Lamballe, llegada un mes hacía de Inglaterra, y hacia las otras damas de la reina, añadió:
—Venid, señoras.
Las otras damas de la reina eran: la princesa de Tarento, la princesa de la Tremouille, y las señoras de Tourzel, de Mackau y de Laroche-Aymon.
Gilberto conocía el interior de palacio y trató de orientarse.
Buscaba un salón grande donde todo el mundo pudiese ver y oír; una barrera que pudiese servir de defensa, a fin de colocar detrás a la reina, a sus hijos y a sus damas, y situarse él delante.
Pensó en el salón del consejo, que por fortuna no habían invadido aún.
Hizo entrar a la reina, a los príncipes y a madame de Lamballe, y los colocó en el alféizar de una ventana. El tiempo era precioso, pues golpeaban ya las puertas y no se podía perder un momento.
Arrastró la pesada mesa del consejo, la colocó delante de la ventana, y de este modo quedó formado el parapeto.
Madame Royale se puso en pie sobre la mesa, al lado de su hermano.