La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Gilberto les hizo una seña con la mano, y los dos diputados se dirigieron al sitio en que estaba Luis XVI.
Para llegar hasta la estancia de la reina, Gilberto tenÃa que atravesar varias habitaciones, y entre ellas la alcoba del rey.
El pueblo habÃa entrado en todas partes.
—¡Miren el Veto gordo! —decÃan los hombres sentándose en el lecho del rey—; a fe mÃa que tiene una cama mejor que la nuestra.
Nada de esto debÃa ya causar temor; el primer momento de efervescencia habÃa pasado.
Gilberto volvÃa, pues, bastante tranquilo al lado de la reina.
Una rápida mirada que al entrar en la sala dirigió hacia la ventana, le tranquilizó completamente.
La reina estaba en el mismo sitio, y el delfÃn tenÃa puesto, como su padre, un gorro frigio.
Un gran rumor que se oÃa en la habitación inmediata, atrajo hacia la puerta las miradas de Gilberto.
Este rumor lo causaba Santerre al acercarse.
El coloso entró en la sala.
—¡Hola, hola! —dijo—, ¿es aquà dónde está la austrÃaca?
Gilberto se dirigió hacia él, atravesando la estancia diagonalmente.
—¡Señor Santerre! —dijo.