La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La evacuación de las Tullerías fue tan triste y silenciosa como ruidosa y terrible había sido la entrada.
La turba se decía, admirada del poco resultado del día: «Nada hemos conseguido; será necesario volver».
Era, efectivamente, demasiado para una amenaza, y muy poco para un atentado.
Los que habían creído anticipadamente cosas que no habían sucedido aún, juzgaron a Luis XVI por lo que de él se decía. Recordando que había huido a Varennes disfrazado de lacayo, se dijeron:
—Al menor ruido que oiga se ocultará en un armario, bajo una mesa o tras de una cortina; daremos una estocada al caso y bastará para decir, como Hamlet, cuando creía matar al tirano de Dinamarca: «¡Un ratón!».
Pero sucedió todo lo contrario; jamás el rey estuvo tan tranquilo, y aún diremos más: tan grande.
