La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En el Mediodía, un teniente general de los príncipes, gobernador del bajo Languedoc y de las Cevenas, hacía comprobar sus poderes por la nobleza.
En el Oeste, un simple campesino, Alian Redeler, publica, al salir de misa, que se ha citado a una reunión armada a los amigos del rey, cerca de una capilla inmediata.
Quinientos campesinos se han reunido de una sola vez. Los chuanes se habían establecido en la Vendée y en Bretaña; no les faltaba más que avanzar.
En fin, de casi todos los directorios de los departamentos se recibían mensajes contrarrevolucionarios.
El peligro era grave, amenazador, terrible, tanto que no era tan sólo a los hombres a quien amenazaba, sino a la patria.
Por eso, sin que se hubieran proclamado en alta voz, todos murmuraban estas palabras: «¡La patria está en peligro!».
Por lo demás, la Asamblea esperaba.
Chabot y Grangeneuve habían dicho: «Dentro de tres días, Vergniaud hablará».
Y se contaban las horas que transcurrían.
Vergniaud no se presentó en la Asamblea ni el primero ni el segundo día.
En el tercero, todos llegaron agitados.
No faltaba ni un solo representante en su banco; las tribunas estaban llenas.