La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Señor Billot, señor Billot! Se ha encontrado a Sebastián, y espero que sin accidente. ¿No es asÃ, señor Gilberto?
—Sin accidente grave, por lo menos, sà —contestó el doctor—. ¡Ven, Sebastián, ven!
Y dejando a Pitou el cuidado de cerrar la puerta, cogió a su hijo en brazos y comenzó a subir la escalera, con gran asombro del portero, que estaba en el umbral de su kiosco con su gorra de algodón y en camisa.
Billot iba delante, alumbrando al doctor, y Pitou cerró la marcha.
El doctor vivÃa en el segundo piso; las puertas abiertas de par en par anunciaban que era esperado, y muy pronto estuvo Sebastián en su cama.
Pitou iba detrás, inquieto y tÃmido: por el barro que cubrÃa sus zapatos, las medias y el calzón, y que habÃa salpicado el resto de su traje, era fácil de ver que acababa de correr largo trecho.