La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Esta vez Rouget de l’Isle no tuvo necesidad de excitar a nadie, y un solo grito se exhaló de todos los pechos.
Después prosiguió en medio de un entusiasmo creciente, producido por la tercera estrofa, y al llegar al coro sublime, que recitó con la violencia de una tromba:
Aux armes, citoyens!,
formez vos bataülons!
Marchons, marchons;
¡Qu’un sang impur, abreuve nos sillons![51]
Tal fue el entusiasmo de todos, que el autor debió reclamar silencio para cantar la cuarta estrofa. El auditorio escuchaba con ansiedad.
Rouget comenzó a cantar con expresión amenazadora la cuarta estrofa, cuya primera frase es: «¡Temblad, tiranos!», y al terminarla el entusiasmo rayó en delirio: los padres empujaban adelante a los niños que podían andar, y las madres levantaban a los que tenían entre los brazos.
—¡Oh! —murmuró uno de los convidados—, ¿no habrá perdón para los que se extravían así?
—¡Esperad, esperad! —gritó Rouget de l’Isle—, ya veréis que mi corazón es generoso.