La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Cada vez, el mancebo se había precipitado por la escalera, y a pesar de los cuarenta peldaños que debía tranquear, siempre llegó en el momento en que el conserje tiraba del cordón.
Pero siempre su esperanza quedó defraudada; ni Gilberto ni Sebastián habían aparecido, y debió volver a reunirse con Billot, contristado y pensativo.
En fin, ya hemos dicho cómo la última, habiendo bajado más precipitadamente aún que las otras, su esperanza se realizó, al ver que el padre y el hijo, el doctor y Sebastián, se presentaban a la vez.
Gilberto dio gracias a Pitou como debía dárselas al honrado joven, es decir, con un apretón de manos; después, pensando que al cabo de una jornada de dieciocho leguas y de una espera de seis horas, el viajero debía necesitar reposo, diole orden de acostarse, deseándole una tranquila noche.
Seguro ya Pitou acerca de Sebastián, el joven deseaba ahora hacer sus confidencias a Billot; hízole seña para que le siguiese, y el buen hombre obedeció.