La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En cuanto a Gilberto, no quiso confiar a nadie el cuidado de acostar y velar a Sebastián; examinó por sà mismo la equimosis impresa en el pecho del muchacho, aplicó su oÃdo en varias partes del torso, y después, habiéndose asegurado de que la respiración era completamente libre, se echó en una especie de butaca junto al niño, que, a pesar de una fiebre bastante intensa, no tardó en dormirse.
Pero muy pronto, pensando en la inquietud que Andrea debÃa experimentar, a juzgar por la que él mismo habÃa sufrido, llamó a su ayuda de cámara y diole orden de echar en el buzón más próximo, a fin de que llegase a su destino en el primer reparto, una carta, en la que no habÃa escrito más que estas palabras:
Tranquilizaos; se ha encontrado el muchacho, y no tiene ningún mal.
Al dÃa siguiente, Billot envió a pedir permiso por la mañana a Gilberto para entrar en su habitación, el cual le fue concedido.
La buena cara de Pitou apareció risueña en la puerta, detrás de Billot, en quien Gilberto notó una expresión triste, y grave.
—¿Qué tenéis, amigo mÃo? —le preguntó el doctor.