La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Ah!, señora, mi opinión es siempre la misma; afecto soy siempre a mi rey y a mi reina. Hubiera deseado ver el acuerdo del rey y de la Constitución; y de este deseo y de las decepciones sucesivas vienen los diferentes consejos que he tenido el honor de dar a Vuestra Majestad.
—Y ¿cuál es el que nos dais en este momento, señor Gilberto?
—Nunca os habéis hallado en mejor disposición para seguirlo, señora.
—Decid.
—Yo os aconsejo la huida.
—¿La huida?
—Nunca ha sido tan fácil como ahora.
—¿Por qué?
—Hay aproximadamente tres mil hombres en palacio.
—Cerca de cinco mil, caballero —dijo la reina con una sonrisa llena de satisfacción, y otros tantos con sólo hacer una señal.
—No necesitáis hacer esa señal, que puede ser interceptada, señora; los cinco mil hombres son suficientes.
—¡Bien!, y ¿qué debemos hacer con esos cinco mil hombres?