La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Gilberto, que acababa de experimentar él mismo lo que un corazón de padre puede sufrir, comprendió esta vez lo que pasaba en el de Billot, cuando este le hubo dado a conocer las noticias traÃdas por Pitou.
—Marchad, querido Billot —contestó—, puesto que la granja, la hacienda y la familia os reclaman; pero no olvidéis que en nombre de la patria, y en caso apurado, dispondré de vos.
—Una palabra, señor Gilberto —contestó el honrado labrador—, será suficiente para que en doce horas me encuentre en ParÃs.
Y habiendo abrazado a Sebastián, que después de una noche tranquila estaba completamente fuera de peligro, y después de estrechar la fina y delicada mano de Gilberto entre las suyas, grandes y callosas, Billot tomó el camino de su granja, de la cual habÃa salido solamente por ocho dÃas, y de la cual faltaba hacÃa tres meses.
Pitou le siguió, llevándose, como ofrenda del doctor Gilberto, veinticinco luises destinados al equipo de la guardia nacional de Haramont.
Sebastián quedó con su padre.