La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Así fue cómo, después de aquella marcha terrible del 6 de octubre, en medio del fango, de la sangre y de los gritos, el pálido sol del día siguiente iluminó el patio de las Tullerías, lleno de una multitud agitada por la vuelta de su rey, y hambrienta de verle.
Durante todo el día, Luis XVI había recibido a los cuerpos constituidos, mientras que la muchedumbre, esperando fuera, le buscaba, le espiaba a través de los vidrios; entonces, aquel que creía verle, dejaba escapar un grito de alegría y mostrábale a su vecino diciendo:
—¿Le veis?, ¿le veis? ¡Ahí está!
A mediodía fue necesario se presentase en el balcón y entonces resonaron los aplausos unánimes.
Por la noche debió bajar al jardín, y hubo más que aplausos: hubo enternecimientos y lágrimas.
Madame Isabel, de corazón joven, piadoso y cándido, mostraba a su hermano aquel pueblo, y le decía:
—Me parece, sin embargo, que no es difícil reinar sobre semejantes hombres.
Madame Isabel tenía su alojamiento en el piso bajo; por la noche mandó abrir las ventanas y cenó delante de todo el mundo.