La Condesa de Charny
La Condesa de Charny A menudo, las multitudes y los individuos mismos se engañan sobre lo que son o lo que quieren ser. El miedo que se tuvo durante los días 5 y 6 de octubre, había atraído al rey, no solamente muchos corazones, sino también numerosos intereses y buenas voluntades. Aquellos gritos en la oscuridad, aquel despertar en medio de la noche, aquellos fuegos encendidos en el Patio de Mármol, que iluminaban las altas paredes de Versalles con sus fúnebres reflejos, todo esto había impresionado profundamente a las personas honradas. La asamblea experimentó gran temor, más que cuando el rey estuvo amenazado o amenazó él mismo; entonces parecíale aún que dependía del soberano; pero no transcurrían seis meses sin que, por el contrario, el Rey sea quien dependa de ella. Ciento cincuenta de sus individuos tomaron pasaportes; Monnier y Lally —el hijo de Lally, muerto en la Greve— se salvaron.
Los dos hombres más populares de Francia, Lafayette y Mirabeau, volvían a París siendo realistas.
El segundo había dicho al primero: «¡Unámonos y salvemos al Rey!».
Por desgracia, Lafayette, hombre honrado de veras, pero de inteligencia limitada, parecía despreciar el carácter de Mirabeau, y no comprendía su genio.