La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Y se contentó con ir a ver al duque de Orleáns. Se habían dicho muchas cosas sobre Su Alteza Real; asegurábase que durante la noche se había visto al Duque con el sombrero calado hasta los ojos y una varita en la mano, agitando los grupos en el patio de Mármol, e induciéndoles a saquear el palacio, con la esperanza de que el pillaje sería al mismo tiempo el asesinato.

Mirabeau pertenecía en cuerpo y alma al duque de Orleáns.

Lafayette, en vez de escuchar a Mirabeau, fue a buscar al Duque, e invitóle a salir de París. Su Alteza quiso discutir y se resistió; pero Lafayette era verdaderamente el Rey, y fue preciso obedecer.

—¿Y cuándo volveré? —preguntó el Duque.

—Cuando yo os diga que es hora de volver, príncipe.

—¿Y si yo me aburro y vuelvo sin vuestro permiso, caballero? —preguntó el Duque con altivez.

—Entonces —contestó Lafayette—, espero que al día siguiente de vuestro regreso me dispensaréis el honor de batiros conmigo.

El Duque marchó, y no volvió hasta que le llamaron. Lafayette era algo realista antes del 6 de octubre; pero después de esta jornada llegó a serlo verdadera y sinceramente: había salvado a la Reina y protegido al Rey.


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