La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pitou, Billot, los marselleses y la cabeza de la columna marcharon hacia adelante, penetrando en el vestíbulo en medio del humo.
Allí se encontraron ante una muralla de bayonetas, las de los suizos.
Entonces fue cuando estos dieron principio a su retirada, verdaderamente heroica, en la cual, paso a paso, de escalón en escalón, dejando en cada uno de estos una fila de los suyos, el batallón se replegó lentamente.
Por la noche se contaron ochenta cadáveres en la escalera.
De improviso, por las cámaras y los corredores del palacio resonó este grito:
—¡El rey manda a los suizos que suspendan el fuego!
Eran las dos de la tarde.
He aquí lo que había pasado en la Asamblea, y lo que dio lugar a la orden repetida en las Tullerías para que cesara la lucha, orden que tuvo la doble ventaja de disminuir la exasperación de los vencedores y de satisfacer el honor de los vencidos.