La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La Asamblea creyó un momento que los suizos, vencedores, habÃan rechazado la insurrección y avanzaban sobre el Picadero para recoger al rey, pues en aquella hora, justo es decirlo, Luis XVI era más bien rey de los suizos que de los franceses.
Toda la Asamblea se puso en pie espontáneamente, y diputados, espectadores de las tribunas, secretarios y guardias nacionales, extendieron la mano, gritando:
—¡Sea lo que fuere, juramos vivir y morir libres!
El rey y la familia real no tenÃan nada que ver con aquel juramento, y por lo tanto permanecieron sentados. Aquel grito, proferido por tres mil bocas, pasó como un huracán sobre sus cabezas.
El error no duró mucho; pero aquel minuto de entusiasmo fue sublime.
Un cuarto de hora después resonó otro grito:
—¡Los insurrectos han invadido el palacio y vienen a la Asamblea para asesinar al rey!
Entonces aquellos mismos hombres que, odiando la monarquÃa, acababan de jurar que morirÃan libres, levantáronse con el mismo impulso e igual espontaneidad, jurando defender al monarca hasta la muerte.
En aquel momento se intimaba al capitán suizo Durler, en nombre de la Asamblea, a que depusiese las armas.