La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero un representante se levantó e hizo observar que un artÃculo de la Constitución prohibÃa que se deliberase en presencia del rey.
—Es cierto —dijo Luis XVI—; pero ¿a qué sitio se nos llevará?
—Señor —contestó el presidente—, podemos ofreceros la tribuna del diario El Logógrafo, que está vacÃa, pues el diario ha cesado en su publicación.
—Está bien —dijo el rey—, iremos allÃ.
—Ujieres —gritó Vergniaud—, conducir al rey a la tribuna de El Logógrafo.
Los ujieres se apresuraron a obedecer.
Para salir de la sala, el rey, la reina y la familia real tomaron el mismo camino que para entrar, y encontráronse en el corredor.
—¿Qué hay en el suelo? —preguntó la reina—. ¡Parece sangre!
Los ujieres no contestaron; si aquellas manchas eran verdaderamente de sangre, tal vez ignoraban cuál fuese su procedencia.
Las manchas ¡cosa extraña!, eran más grandes y frecuentes a medida que se acercaban a la tribuna.
Para librar de este espectáculo a la reina, Luis XVI aceleró el paso, y abriendo él mismo la tribuna, dijo a la reina:
—Entrad, señora.