La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Hemos abandonado el palacio en el momento en que se abrÃa por fuerza el vestÃbulo, y cuando los suizos, rechazados de escalón en escalón, llegaban hasta las habitaciones del rey, mientras que una voz resonaba en las cámaras y en los corredores gritando: «¡Orden a los suizos para que depongan las armas!».
Este libro es probablemente el último que hacemos sobre aquella terrible época, y a medida que nuestro relato avanza, dejamos el terreno que acabamos de recorrer para no pisarle de nuevo jamás. Esto es lo que nos autoriza a dar cuenta con todos sus detalles de aquella suprema jornada, y creemos tener tanto más derecho para ello cuanto que escribimos sin ninguna prevención, sin odio alguno, sin idea preconcebida.
El lector ha entrado con nosotros hasta el patio Real, ha seguido a Billot en medio de las llamas y del humo, y le ha visto subir con Pitou, espectro ensangrentado que habÃa salido de entre los muertos, a la escalera en cuya parte superior le hemos dejado.
A partir de aquel momento las TullerÃas estaban tomadas.
¿Quién era el sombrÃo genio que habÃa presidido la victoria?
¡La cólera del pueblo!, se contestará.
Sin duda; pero ¿quién dirigió aquella cólera?
