La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El hombre que apenas hemos citado, aquel oficial prusiano que montaba un caballito negro junto al gigantesco cuadrúpedo de Santerre, el alsaciano Westermann.
¿Quién era aquel hombre que, semejante al relámpago, no se dejaba ver sino en medio de la tempestad?
¡Uno de esos hombres que Dios tiene ocultos en el arsenal de sus cóleras, y que no saca de la oscuridad sino cuando le necesita, en la hora en que quiere castigar!
Se llama Westermann, el hombre del poniente.
En, efecto, aparece cuando la monarquÃa cae para no levantarse más.
¿Quién le ha inventado? ¿Quién, por ventura, le ha adivinado? ¿Quién fue el intermediario entre él y Dios?
¿Quién ha comprendido que al cervecero, especie de gigante de carne y hueso, se le debÃa dar un arma para esa lucha en que los Titanes debÃan destronar a Dios? ¿Quién ha completado a Geryon con Prometeo? ¿Quién completó a Santerre con Westermann? Danton.
¿Adónde fue el terrible tribuno a buscar aquel vencedor?
¿En una sentina, en un albañal, o en una prisión? En San Lázaro.
Westermann estaba acusado, no convicto —entendámonos bien— de haber hecho billetes falsos, y fue detenido preventivamente.