La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Llegados a la calle de Coq-Héron, se depositó el cadáver en el lecho de Andrea, la cual, volviéndose a los cuatro hombres, les dijo:
—Recibid las bendiciones de una mujer que mañana rogará a Dios por vosotros desde el cielo.
Y volviéndose a Pitou, añadió:
—Os debo más de lo que podrÃa pagaros; pero quisiera contar con vos para el último servicio.
—Ordenad, señora —contestó Pitou.
—Haced de modo que mañana a las ocho esté aquà el doctor Gilberto.
Pitou saludó y salió.
Al volver la cabeza, vio que Andrea se arrodillaba delante del lecho como ante un altar.
En el momento en que franqueaba la puerta de la calle, daban las tres en el reloj de la iglesia de San Eustaquio.