La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —La mĂa, por ejemplo —continuĂł Andrea despuĂ©s de una pausa—, la mĂa… ÂżquĂ© pensáis de ella, señor Gilberto?
Pero como este bajase los ojos sin contestar, Andrea continuĂł:
—Permitidme recordárosla en dos palabras no más… Tranquilizaos; a nadie pienso culpar de mi desdicha.
Gilberto hizo un ademán respetuoso, como diciendo: «Hablad».
—Nacà pobre; mi padre quedó arruinado antes de nacer yo; mi juventud fue triste, aislada, solitaria; habéis conocido a mi padre, y mejor que nadie sabéis cuan tiernamente me amaba.
«Dos hombres, uno de los cuales me habrĂa valido más no haber conocido nunca, y el otro… un extraño, tuvieron en mi vida una influencia fatal y misteriosa, sin que mediase mi voluntad; el uno dispuso de mi alma y de mi cuerpo el otro.
»Me vi madre sin presumir siquiera que habĂa dejado de ser doncella; y poco faltĂł para que perdiera en tan triste acontecimiento la ternura del Ăşnico hombre que siempre me habĂa amado, de mi hermano.
»Me consolĂł la idea de ser madre, al pensar que al menos me amarĂa mi hijo; pero este me fue arrebatado una hora despuĂ©s de nacer; de modo que fui esposa sin marido y madre sin hijo.