La Condesa de Charny
La Condesa de Charny »Para saber lo que era ese momento de sacrificio, necesario sería entrar en cada cabaña, en cada hogar, y ver la despedida de una esposa, el adiós de una madre; necesario sería ver a esa pobre anciana, secos los ojos, destrozados el corazón, reunir apresurada los pocos harapos que su hijo ha de llevarse, las pobres economías, los pocos sueldos ahorrados por el ayuno, y que se ha robado a sí misma para su hijo en este día de supremas aflicciones.
»Dar sus hijos para esa guerra que empezaba con tan pocas probabilidades de triunfo, inmolarlos a esa situación extrema y desesperada, era demasiado para la mayor parte de ellas; sucumbían todas oprimidas por estos pensamientos, o bien por una reacción natural se dejaban arrastrar a extremos de furor, sin consideración a nada y sin temer cosa alguna; jamás el terror ha tenido lugar en una alma que se halla en ese estado: ¿qué puede atemorizar al que desea la muerte?