La Condesa de Charny
La Condesa de Charny ¡Ah!, esta vez era realmente la guerra civil, no ya el pueblo contra el rey, la clase media contra los aristócratas, las cabañas contra los castillos, las casas contra los palacios, sino sección contra sección, picas contra picas, ciudadanos contra ciudadanos.
Al mismo tiempo, Marat y Robespierre, el segundo como individuo del ayuntamiento, y el primero como aficionado, elevaron la voz.
Marat pidió la matanza de la Asamblea nacional; pero esto no era nada, porque todos estaban acostumbrados a oírle hacer semejantes proposiciones.
Pero Robespierre, el cauteloso Robespierre, el denunciador vago y tenebroso, pidió que se tomaran las armas, no sólo para defenderse, sino para atacar.
Era preciso que Robespierre creyera muy fuerte a la municipalidad, para pronunciarse así.
En efecto; era muy fuerte, pues en aquella misma noche, su secretario Tallien se presenta en la Asamblea con tres mil hombres armados con picas.
«La municipalidad —dice— y solamente la municipalidad, elevó a los individuos de la Asamblea a la categoría de representantes de un pueblo libre; la municipalidad hizo expedir el decreto contra los sacerdotes perturbadores, deteniendo a esos hombres que nadie osaba tocar; y la municipalidad —añadió en conclusión— habrá purgado de su presencia, dentro de pocos días, el suelo de la libertad».