La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Así, pues, en la noche del 30 al 31 de agosto, ante la Asamblea misma, que acaba de destituir a la municipalidad, esta pronuncia la primera palabra sobre la matanza.
¿Quién la dice? ¿Quién es el que enrojece así el programa blanco aún?
Ya lo hemos visto: es Tallien, el hombre que hará el nueve Thermidor.
La Asamblea se sublevó; se debe hacerle esta justicia.
Manuel, procurador de la municipalidad, comprendió que se iba demasiado lejos; mandó detener a Tallien, y exigió que Huguenin diese una satisfacción a la Asamblea.
Y sin embargo, Manuel, que hacía estas dos cosas, sabía muy bien lo que iba a suceder, pues he aquí cómo procedió aquel pedante, pobre de espíritu, pero honrado.
Tenía en la Abadía un enemigo personal: Beaumarchais.
Este último, muy irónico, se había burlado mucho de Manuel, a quien le ocurrió que si Beaumarchais era asesinado con los demás, se podía atribuir su muerte a una vil venganza de su amor propio; y en su consecuencia, corrió a la Abadía y mandó llamar a Beaumarchais. Este último, al verle, quiso excusarse, dando explicaciones a su víctima literaria.