La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡No se trata aquà de literatura, de periodismo, ni de crÃtica. He ahà la puerta abierta; salvaos ahora si no queréis ser asesinado mañana!
El autor de FÃgaro no se lo hizo repetir dos veces: deslizóse por la puerta entornada y desapareció.
Supongamos ahora que Beaumarchais hubiera silbado a Collot-d’Herbois comediante, en vez de haber criticado a Manuel autor; entonces habrÃa sido hombre muerto.
Llegó el 31 de agosto, aquel gran dÃa en que se iba a resolver entre la Asamblea y la municipalidad, es decir, entre el moderantismo y el terror.
El ayuntamiento estaba decidido a continuar en sus funciones.
La Asamblea habÃa dimitido en favor de otra nueva.
Naturalmente, la municipalidad era quien debÃa triunfar, tanto más cuanto que el movimiento la favorecÃa.
El pueblo, sin saber lo que deseaba, querÃa ir a alguna parte; lanzado hacia adelante el 20 de junio y después el 10 de agosto, experimentaba una vaga necesidad de sangre y de matanza.