La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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—La ciudadana Andrea de Taverney, condesa de Charny.

Al oír este nombre, Gilberto sintió sus piernas flaquear y su corazón desfallecer.

Una vida más importante a sus ojos que la suya propia iba a ser condenada o salvada.

—Ciudadanos —dijo Maillard a los individuos del tribunal terrible—, la que va a comparecer ante vosotros es una pobre mujer que en otro tiempo fue fiel a la austríaca; pero esta, ingrata como una reina, pagó sus servicios con ingratitud; esa mujer lo perdió todo por su amistad, su fortuna y su esposo, por el cual la veréis entrar vestida de luto. ¿A quién debe este duelo? ¡A la prisionera del Temple! Ciudadanos, os pido la vida de esa mujer.

Los jueces hicieron una señal de asentimiento.

Solamente uno dijo:

—Será preciso ver…

—Pues entonces —replicó Maillard—, mirad.

La puerta se abría, en efecto, y veíase en las profundidades del corredor una mujer vestida de luto, con la frente cubierta por un velo negro, que avanzaba sin apoyo y con paso firme.

Hubiérase dicho que era una aparición de ese mundo fúnebre del que ningún viajero ha vuelto aún, como dice Hamlet.

Ante ella los jueces se estremecieron.


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