La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Llegó hasta la mesa y levantó su velo.
Jamás tan incontestable ni tan pálida belleza habÃa aparecido a los ojos de los hombres; era una divinidad de mármol.
Todas las miradas se fijaron en ella; Gilberto estaba palpitante.
Andrea se dirigió a Maillard, y con voz dulce, pero firme, le dijo:
—Ciudadano, ¿sois vos el presidente?
—SÃ, ciudadana —contestó Maillard, admirado de que le interrogasen, cuando sólo a él correspondÃa hacerlo.
—Soy Andrea de Taverney, condesa de Charny, esposa del conde de Charny, muerto en la infame jornada del 10 de agosto; soy aristócrata y amiga de la reina; he merecido la muerte y vengo a buscarla.
Los jueces profirieron un grito de sorpresa.
Gilberto palideció, retirándose cuanto le fue posible en el ángulo del postigo para que Andrea no le viese.
—Ciudadanos —dijo Maillard, que observaba el espanto de Gilberto—, esta mujer está loca; la muerte de su esposo le ha hecho perder la razón, y por lo tanto debemos compadecerla y velar por su vida. La justicia del pueblo no castiga a los insensatos.