La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Mientras que la municipalidad organizaba la matanza que hemos procurado bosquejar, y aunque deseosa de subyugar a la Asamblea y a la prensa por el terror, temía mucho que ocurriese alguna desgracia a los prisioneros del Temple.
En efecto; dada la situación porque se atravesaba; Longwy tomado, Verdún invadido y el enemigo a cincuenta leguas de París, el rey y la familia real eran preciosos rehenes que garantizaban la vida de los más comprometidos.
Se enviaron, pues, comisarios al Temple.
Quinientos soldados armados hubieran sido insuficientes para guardar esta prisión, que tal vez hubieran abierto ellos mismos. Un comisionado encontró un medio más seguro que todas las picas y bayonetas de París. Y fue rodear el temple con una ancha cinta tricolor, en la que se leía esta inscripción:
«Ciudadanos: vosotros que, al deseo de la venganza, sabéis unir el amor al orden, respetad esa barrera; es necesaria a nuestra vigilancia y a nuestra responsabilidad».
Época extraña, en la cual se rompían puertas de roble, se forzaban verjas de hierro y se arrodillaba el pueblo ante una cinta.
