La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Parece que el segundo concejal era de la opinión del primero, sobre haber hecho mal en dejar salir a paseo a la familia real, porque ambos la intimaron la orden de volver a entrar al instante.
Fueron puntualmente obedecidos.
Mas apenas se reunieron todos en el cuarto de la reina, entraron otros dos concejales que no estaban de servicio; uno de ellos, excapuchino, llamado Matthieu, se acercó al rey.
—¿Sabéis lo que pasa, caballero? —le dijo—. La patria está en el mayor peligro.
—¿Cómo queréis que sepa nada cuando estoy preso e incomunicado?
—Pues bien, voy a decÃroslo yo, yo mismo. Y es que el enemigo ha entrado en Champaña, y que el rey de Prusia marcha sobre Châlons.
La reina no pudo reprimir un movimiento de alegrÃa.
El municipal lo apercibió, por muy rápido que hubiese sido.
—¡Ah!, sà —continuó dirigiéndose a la reina—, nosotros sabemos, es verdad, que pereceremos con nuestras mujeres e hijos; pero vosotros responderéis de todo; moriréis antes que nosotros, y el pueblo quedará vengado.