La Condesa de Charny

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Kellermann refunfuñó, renegó y lloró; mas no dejó de obedecer, aunque lo hizo contra su voluntad, y necesitó oír el estampido del cañón para ser lo que realmente era, un hijo fiel de la patria.

Ahora bien; ¿cómo era que los soberanos aliados, cuya marcha estaba señalada ya por etapas hasta París, se detenían de pronto después de la toma de Longwy y la rendición de Verdún?

Un espectro estaba de pie entre ellos y París: el espectro de Beaurepaire.

Este militar, antiguo oficial de carabineros, había organizado y mandado el batallón de Maine y Loira, y en el momento en que supo que el enemigo había puesto el pie en territorio de Francia, atravesó todo el país con su gente a la carrera, marchando de oeste a este.

En el camino encontraron a un diputado patriota que volvía a su ciudad.

—¿Qué diré de vuestra parte a vuestras familias? —preguntó el diputado.

—¡Que estamos muertos! —contestó una voz.

Ningún espartano de los que iban a las Termopilas, hubiera podido dar una contestación más sublime.

El enemigo llegó hasta delante de Verdún, como ya hemos dicho; era el 30 de agosto de 1792, y el 31 se intimó a la ciudad a la rendición.

Beaurepaire y sus hombres, apoyados por Marceau, querían combatir hasta la muerte.


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