La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Entonces Dumouriez se adelantó hacia aquellos hombres, que formaban siete batallones.
—Vosotros —gritó—, pues no quiero llamaros ciudadanos, ni soldados, ni tampoco hijos mÃos, estáis viendo delante esa artillerÃa y detrás esa caballerÃa, y esto equivale a deciros que os tengo entre el hierro y el fuego. ¡Os habéis deshonrado con crÃmenes, y yo no tolero aquà ni asesinos ni verdugos! ¡Al menos conato de motÃn, mandaré que os hagan trizas; pero si os corregÃs, si sabéis conduciros como ese valeroso ejército, en el que tenéis el honor de ingresar, hallaréis en mà un buen padre! ¡Sé que entre vosotros hay bribones encargados de impulsaros al crimen; podéis expulsarlos vosotros mismos o denunciármelos, pues os hago responsables unos de otros!
Y no solamente aquellos hombres inclinaron la cabeza, llegando a ser después excelentes soldados; no tan sólo expulsaron a los indignos, sino que hicieron pedazos al miserable Charlot, que habÃa herido a la princesa de Lamballe con un leño, y que llevó su cabeza en la punta de una pica.
En esta situación se esperó a Kellermann, sin el cual no se podÃa arriesgar nada.
El 19, Dumouriez recibió aviso de que se hallaba a dos leguas de él por su izquierda.