La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Veinte cañones de Dumouriez batÃan de flanco la columna, destrozándola bajo una lluvia de hierro; la cabeza de la serpiente no podÃa subir, porque a cada instante tiraban de ella hacia atrás las convulsiones del cuerpo desgarrado por la metralla.
Brunswick vio que era batalla perdida y mandó tocar llamada.
Pero el rey quiso dar una carga, y poniéndose a la cabeza de sus soldados hizo avanzar su dócil y valerosa infanterÃa bajo aquel fuego cruzado de Kellermann y Dumouriez, hasta que al fin le cortaron el paso las lÃneas francesas.
Algo luminoso y espléndido se cernÃa sobre aquel joven ejército: ¡Era la fe!
—¡No he visto fanáticos como esos desde las guerras religiosas! —dijo Brunswick.
Aquellos eran fanáticos sublimes, los fanáticos de la libertad.
Los héroes del 92 venÃan a comenzar aquella conquista de la guerra, que debÃa terminarse por la de los espÃritus.
El 20 de septiembre, Dumouriez salvaba a Francia.
Al dÃa siguiente, la Convención nacional emancipaba a Europa, proclamando la República.