La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero todos estaban animados de un doble odio, primero contra las jornadas de septiembre y después contra la diputación de París, compuesta casi enteramente de individuos de la municipalidad, que había hecho tan terribles jornadas.
Hubiérase dicho que la sangre derramada corría a través de la sala del Picadero, aislando los cien montañeses del resto de la Asamblea.
El centro mismo, como para separarse del arroyo rojizo, se apoyaba hacia la derecha.
Y era porque también la Montaña —recordemos los hombres que la componían y los acontecimientos que acababan de ocurrir—, también la Montaña presentaba un aspecto formidable.
Como ya hemos dicho, en las filas inferiores estaba toda la municipalidad; sobre ellas aquel famoso comité de vigilancia que había hecho la matanza; y después, como una hidra de tres cabezas, en el vértice del triángulo, o sea a la mayor altura, tres semblantes terribles, tres hombres profundamente caracterizados.