La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Clery habÃa permanecido inmóvil junto a la puerta, mirando a su amo con profunda angustia; vio al rey tomar el pan que le habÃan traÃdo, dividirlo en dos pedazos y ofrecerle la mitad.
—Mi pobre Clery —dijo—, parece que han olvidado tu almuerzo; toma esta mitad de mi pan, pues yo tendré suficiente con la otra.
Clery rehusó, mas como el rey insistiese, tomó el pan; pero al hacerlo no pudo menos de prorrumpir en sollozos, y el rey lloró también.
A las diez llegó un municipal con los obreros que debÃan trabajar en la habitación, y aquel hombre, acercándose al rey, le dijo con cierta compasión:
—Caballero, acabo de presenciar el almuerzo de vuestra familia, y se me encarga que os diga que todos siguen bien.
El rey sintió alivio en su corazón; la compasión de aquel hombre le hacÃa bien.
—Os doy gracias —contestó—, y os ruego que deis noticias de mà a mi familia, diciéndole que yo sigo bien igualmente. Y ahora, caballero —añadió—, ¿no se me podrÃan dar algunos libros que he dejado en la habitación de la reina? En tal caso, podrÃais tener la bondad de enviármelos.