La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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El municipal no deseaba otra cosa; pero estaba muy apurado, porque no sabía leer; al fin se lo dijo así a Clery, rogándole que le acompañase para buscar los libros que el rey deseaba.

Esto era una dicha para Clery, pues se le ofrecía el medio de llevar a la reina noticias de su esposo.

Luis XVI le hizo una seña con los ojos, seña que encerraba todo un mundo de recomendaciones.

Clery encontró a la reina en su habitación con sus hijos y madama Isabel.

Las mujeres lloraban; el delfín había comenzado a llorar también; pero en los ojos de los niños las lágrimas cesan pronto.

Al ver entrar a Clery, la reina, madama Isabel y la princesa se levantaron para interrogarte, no con la voz, sino con el ademán.

El delfín corrió hacia él diciendo:

—¡Es mi buen Clery!

Por desgracia Clery no podía decir nada, como no fuese algunas palabras reservadas; los dos municipales que le habían acompañado estaban cerca de él.

Pero la reina no pudo contenerse, y dirigiéndose a ellos les dijo:

—¡Oh!, señores, que se nos permita estar con el rey, aunque no sea más que algunos instantes, durante el día y la hora de las comidas.


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