La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —En ese caso, tomad vuestras herramientas.
—Y ¿para qué?
—Para abrir el armario.
Gamain sacó de su bolsillo una llave recién fabricada.
—Y ¿qué significa esto? —preguntó el ministro—, ¿es esa la llave?
—La del armario, que he hecho de memoria; la estudié muy bien, sospechando que algún dÃa…
—¡Ese hombre es un miserable! —dijo madame Roland a su marido.
—AsÃ, pues, ¿crees?… —preguntó este dudando.
—Pienso que no tenemos derecho a rehusar ninguna de las noticias que la fortuna nos proporciona para llegar a averiguar la verdad.
—¡Aquà está, aquà está! —decÃa Gamain mostrando la llave radiante de alegrÃa.
—¿Creéis —preguntó Roland con una expresión de disgusto que no sabÃa ocultar—, creéis que esa llave, hecha de memoria al cabo de ocho meses, abrirá el armario de hierro?
—Ya lo creo —contestó Gamain—; para algo ha de servir el ser maestro de maestros y maestro de todos.
—El carruaje aguarda, ciudadano ministro —dijo el portero.