La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Los versos parecieron muy malos a Camilo y el pensamiento falso; se burló del filósofo y del poeta, y el poeta filósofo volvió a su soledad de Blerancourt, renegando del gran retratista de cierta especie de Hombres.
Sin embargo, al joven se le presentó otra ocasión —nunca faltan para ciertos individuos—: Su pueblo, su burgo de Blerancourt, estaba expuesto a perder un mercado que le daba para vivir; y sin conocer a Robespierre le escribió rogándole que apoyase la reclamación comunal que le transmitía, ofreciéndole además ceder, para que se vendieran en provecho de la nación, sus reducidos bienes, es decir, todo cuanto poseía.
Lo que hacía reír a Camilo Desmoulins, daba que pensar a Robespierre: llamó al joven fanático, le estudió, parecióle que era del temple de esos hombres con los que se hacen las revoluciones, y gracias a su crédito en los Jacobinos, le hizo nombrar individuo de la Convención, aunque no tuviese la edad requerida. El presidente del cuerpo electoral, Juan de Bry, protestó, y al hacerlo envió el extracto de la fe de bautismo del nuevo elegido, que tan sólo tenía, efectivamente, veinticuatro años y tres meses; pero bajo la influencia de Robespierre, esta vana reclamación desapareció.