La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Por eso en aquella última entrevista, la reina se dejó llevar de una impresión semejante al remordimiento. Había querido conducir al rey a su habitación para estar un instante sola con él; pero cuando vio que era imposible, atrajo a su esposo junto a una ventana.

Allí, sin duda, trataba de arrodillarse a sus pies, para pedirle perdón en medio de lágrimas y sollozos. El rey lo comprendió todo, la detuvo, y sacando su testamento del bolsillo, la dijo:

—¡Leed esto, esposa amada!

Y con el dedo la mostraba el párrafo siguiente, que la reina leyó a media voz:

Ruego a mi esposa que me perdone todos los males que sufre por mí, y las penas que pueda haberla ocasionado durante el curso de nuestra unión, así como ella puede estar segura de que no la conservo rencor alguno, si ELLA CREYESE TENER ALGO DE QUÉ ARREPENTIRSE.

María Antonieta cogió las manos del rey y se las besó: había un perdón bien misericordioso en aquella frase: como ella puede estar segura de que no la conservo rencor alguno; y una delicadeza muy grande en las palabras: si ELLA CREYESE TENER ALGO DE QUÉ ARREPENTIRSE.


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