La Condesa de Charny
La Condesa de Charny A las cuatro de la tarde, un desconocido se habÃa presentado en su casa, donde le entregó un billete concebido en estos términos:
«El consejo ejecutivo, debiendo comunicar un asunto de la más alta importancia al ciudadano Edgeworth de Firmont, invita a este a presentarse en la sala de sesiones».
El desconocido tenÃa orden de acompañar al sacerdote; en la puerta esperaba un coche.
El abate bajó y marchó con el desconocido.
El coche se detuvo en las TullerÃas.
El abate encontró a los ministros en consejo, y al verle entrar se levantaron.
—¿Sois el abate Edgeworth de Firmont? —preguntó Garat.
—Sà —contestó el abate.
—Pues bien —continuó el ministro de Justicia—, habiéndonos manifestado Luis Capeto el deseo de veros a su lado en sus últimos momentos, hemos enviado a buscaros para saber si consentÃs en prestarle el servicio que reclama de vos.
—Puesto que el rey me ha designado —dijo el sacerdote— mi deber es obedecerle.
—En tal caso —replicó el ministro— vais a venir conmigo al Temple, adonde voy ahora mismo.