La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Ya hemos visto cómo este último, después de llenar las formalidades de costumbre, había llegado hasta el rey, cómo este fue llamado por su familia, y volvió después a reunirse con el abate, a quien pidió los detalles que acabamos de ver.
Terminado el relato, Luis XVI dijo al abate:
—Amigo mío, olvidemos todo ahora para pensar tan sólo en mi salvación.
—Señor —contestó el abate—, estoy dispuesto a serviros lo mejor que me sea posible, y espero que Dios suplirá mi poco mérito; pero ¿no os parece que sería para vos un gran consuelo oír misa y comulgar?
—Sin duda que sí —contestó el rey—, y creed que apreciaría semejante gracia en todo lo que vale. Pero ¿cómo exponeros hasta este punto?
—Esto me concierne, señor, y tengo empeño en probar a Vuestra Majestad que soy digno del honor que me ha hecho eligiéndome para su sostén. Que el rey me dé carta blanca, y respondo de todo.
—Id, pues, abate —dijo Luis XVI.
Y moviendo la cabeza, añadió:
—Id; pero no conseguiréis nada.
El abate se inclinó y salió, pidiendo que le condujeran a la sala del consejo.
—El que ha de morir mañana —dijo el abate a los comisarios—, desea oír misa antes y confesarse.