La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Tal vez Pitou habría reflexionado más profundamente sobre lo que acababa de decirle el señor Raynal, si no hubiese visto a lo lejos a Catalina, que acudía presurosa con su hijo en los brazos.
Después que se supo que, según toda probabilidad, la tía Angélica había muerto de hambre y de frío, los vecinos se dieron poca prisa en cumplir sus ofertas de ayudar a Pitou en lo que necesitase.
Catalina, pues, llegaba a tiempo. La pobre criatura declaró que considerándose ya mujer de Pitou, a ella le tocaba tributar los últimos deberes a la tía Angélica; y los llenó con igual respeto, con igual ternura que dieciocho meses antes había mostrado para con su madre.
Pitou, entretanto, iría a preparar lo necesario para el entierro, fijado forzosamente para dentro de dos días, puesto que, habiendo muerto de repente, no podía darse sepultura a la tía Angélica hasta pasadas las cuarenta y ocho horas.
No había que hacer más para esto sino avistarse con el alcalde, el carpintero y el sepulturero; las ceremonias religiosas habían sido suprimidas, tanto para los entierros como para los casamientos.
