La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Amigo mÃo —dijo Catalina a Pitou en el momento en que este tomaba el sombrero para ir a casa del señor de Longpré, después del accidente que acababa de ocurrir— ¿no serÃa conveniente que retardásemos nuestro casamiento uno o dos dÃas?
—Como queráis, señorita Catalina —contestó Pitou.
—¿No serÃa extraño que el dÃa mismo en que acompañáis a vuestra tÃa a la sepultura, ejecutaseis un acto tan importante como el de casaros?
—Y tan importante como es para mà —dijo Pitou—, pues se trata de mi felicidad.
—Bien, amigo mÃo, consultad al señor de Longpré, y se hará lo que él os aconseje.
—Estoy conforme, señorita Catalina.
—Y además podrÃa ocurrimos alguna desgracia si nos casáramos inmediatamente después de…
—¡Oh! —interrumpió Pitou—, en siendo yo vuestro marido, desafÃo a la desgracia a que me clave el diente.
—Mi querido Pitou —dijo Catalina tendiéndole la mano— aplacémoslo al lunes; yo trato de conciliar en lo posible vuestro deseo con las conveniencias regulares.
—¡Ah!, dos dÃas son bien largos, señorita Catalina.
—En ese caso… Isidoro…