La Condesa de Charny
La Condesa de Charny No obstante el fuego enorme que Pitou había tenido cuidado de entretener siempre en la chimenea, el viento, penetrando rápido y helado por todas partes, se hacía sentir bastante, y Pitou comprendió que si la tía Angélica no había muerto de hambre, podía muy bien haber muerto de frío.
Llegó el momento de sacar el cuerpo; el transporte era corto, pues la casa de la tía Angélica lindaba casi con el cementerio.
Todo el Pleux y una parte de la ciudad acompañó a la difunta a su última morada. En las provincias las mujeres van a los entierros; en su consecuencia, Pitou y Catalina presidieron el duelo.
Concluida la ceremonia, Pitou dio gracias a los asistentes en nombre de la difunta y en el suyo, y después de echar la hisopada de agua bendita sobre la tumba de la solterona, cada cual, según costumbre, desfiló delante de Pitou, saludándole y siendo saludado.
Habiéndose quedado solo con Catalina, Pitou se volvió a buscarla hacia el sitio donde la había dejado. Pero Catalina no estaba allí, Catalina se hallaba de rodillas, con Isidorito, al pie de una tumba, en cuyos ángulos se elevaban cuatro cipreses.
Esa tumba era la de la madre Billot.
Los cuatro cipreses habían sido traídos del bosque y plantados allí por Pitou.