La Condesa de Charny
La Condesa de Charny No habrán olvidado nuestros lectores que la tía Angélica, luego que reunía veinticuatro libras de plata, las cambiaba por un luis de oro, que guardaba en su sillón.
Pitou quedó estupefacto, vaciló de sorpresa y se enloqueció de admiración.
Su primer impulso fue salir al encuentro de Catalina y de Isidorito, traer a ambos y mostrarles el tesoro que acababa de descubrir.
Pero le detuvo una idea terrible.
Sabiendo que era rico, ¿se casaría Catalina con él?
Pitou hizo un movimiento de cabeza.
—No, no —dijo rehusará.
Quedóse un instante sin movimiento, reflexivo, preocupado.
Luego asomó a sus labios una sonrisa.
Indudablemente había encontrado un medio de salir del apuro en que le colocaba esta riqueza inesperada.
Recogió los luises que estaban en el suelo, acabó de romper con su navaja la vaqueta, y vació hasta el menor rincón del pelote y de la estopa.
Todo estaba relleno de luises.