La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Bien, —replicó el Rey— ¿sabéis dónde está esa buhardilla?
—SÃ, señor.
—Pues id a buscar al señor de Charny, a quien deseo hablar.
El ayuda de cámara salió, cerrando la puerta tras sÃ, y subió en busca del Conde, a quien encontró apoyado en la ventana con los ojos fijos en aquel océano de tejados que se pierde en el horizonte con sus olas de tejas y pizarras.
Dos veces llamó el mayordomo, sin que el Conde, sumido en sus reflexiones, le oyese, y como la llave estaba en la cerradura entró al fin, considerándose autorizado por la orden del Rey.
Al oÃr el ruido que hizo al entrar Charny se volvió.
—¡Ah! ¿Sois vos, señor Hue? —dijo—. ¿VenÃs a buscarme de parte de la Reina?
—No, señor Conde —contestó el mayordomo—, es de parte del Rey.
—¡De parte del Rey! —exclamó Charny con cierto asombro.
—De parte del Rey, sÃ, señor.
—Está bien; decid a Su Majestad que estoy a sus órdenes.