La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Tal vez; pero desde el momento en que esas tres personas se hallan juntas, apreciable señor Gamain —dijo el armero cogiendo su fusil y encasquetándose el gorro hasta las orejas—, es porque tienen algo que hacer, y siendo asÃ, es preciso dejarlos solos.
—¿Pero los conocéis vos? —preguntó Gamain.
—SÃ, de vista —contestó al armero—. ¿Y vos?
—Yo dirÃa que no es la primera vez que veo a esa mujer.
—En la corte probablemente —replicó el desconocido.
—¡Bah! ¡Una pescadera!
—Es que van allà con frecuencia desde hace algún tiempo.
—Pues si conocéis a esta gente, nombrad los dos hombres, y esto me ayudará sin duda a reconocer a la mujer.
—¿Los dos hombres?
—SÃ.
—¿Cuál queréis que nombre primero?
—El patizambo.
—Es Juan Pablo Marat.
—¡Ah, ah!
—¿Qué más?
—¿Cómo se llama el jorobado?
—Próspero Varrieres.