La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Ah, ah!
—Vamos, ¿recordaréis ahora quién es la pescadera?
—A fe mÃa que no.
—Buscad.
—No puedo formar idea.
—Pues bien, la pescadera…
—Esperad… pero no… sÃ… no… sÃ… no.
—Vamos, sÃ.
—¡Es imposible!
—Bien parece serlo.
—¿Es?…
—Vaya, veo que no la nombraréis nunca, y que es preciso que yo lo haga: la pescadera es el duque de Aiguillon.
Al oÃr pronunciar este nombre, la pescadera se estremeció y volvió la cabeza, asà como sus dos compañeros.
Todos tres hicieron un movimiento para levantarse, como se harÃa a un jefe a quien se quisiera manifestar diferencia.
Pero el desconocido aplicó un dedo a sus labios y pasó.
Gamain le siguió, creyendo que soñaba.
En la puerta tropezó con un individuo que al parecer huÃa, perseguido por gente que gritaba: