La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Solamente él, pero no antes de haberos asegurado de su modo de pensar. La carta que os entrego para él es puramente de introducción. Bien conocéis el caso en que me hallo y no ignoráis cuáles son mis temores y mis esperanzas. Las sabéis mejor que la Reina, mi esposa, mejor que el señor Necker, mi ministro, y mejor que Gilberto, mi consejero. Obrad en consecuencia; pongo el hilo y las tijeras en vuestras manos: devanad o cortad.
Y presentando al Conde la carta abierta, le dijo:
—Leed.
Charny tomó la carta y leyó:
Palacio de las TullerÃas, a 29 de octubre.
Espero, caballero, que seguÃs siempre satisfecho de vuestra posición de gobernador de Metz. El señor conde de Charny, teniente de mis guardias, que pasa por vuestra ciudad, está encargado de preguntaros si deseáis que haga alguna otra cosa en vuestro favor; en este caso aprovecharé la oportunidad para complaceros, como aprovecho la de renovar la expresión de mis sentimientos de aprecio por vos.
LUIS.
—Y ahora —dijo el Rey—, id, señor de Charny; lleváis plenos poderes respecto a las promesas que tenéis que hacer al señor de Bouillé, si creéis que sean necesarias; pero no me comprometáis más que en la medida de lo que yo pueda cumplir.
Y le ofreció la mano por segunda vez.