La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Una de las causas que hacÃan sentir más a Weber la marcha de Andrea y su separación de la Reina, era la pérdida de aquella ocasión que el digno alemán perdÃa de hablar su lengua materna.
Por esto insistió más vivamente —esperando sin duda que de, la entrevista resultarÃa una reconciliación—, para que bajo ningún pretexto dejase de asistir Andrea a la cita que se le daba, repitiendo varias veces que la Reina habÃa aplazando una audiencia al doctor Gilberto para concedérsela a la Condesa.
Andrea contestó simplemente que cumplirÃa las órdenes de Su Majestad.
Weber salió y la Condesa permaneció un instante inmóvil, con los ojos cerrados, como persona que quiere alejar de su ánimo todo pensamiento extraño al que le ocupa, y solamente cuando consiguió reponerse del todo, cogió de nuevo la carta para continuar su lectura.
Cuando hubo concluido besóla tiernamente y la guardó en su seno, murmurando con una sonrisa llena de tristeza:
—El señor os guarde, alma de mi vida; ignoro dónde os halláis; pero Dios sabe y mis oraciones saben también dónde está Dios.
Entonces, aunque le fuese imposible adivinar por qué deseaba la Reina verla, esperó sin impaciencia ni temor el momento de ir a las TullerÃas.