La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Oh! —exclamó Andrea—, ¿por quién me tomáis, señora, al manifestar semejante duda?
La Reina suspiró.
—¿Conque asà —dijo—, no haréis nada para atraer al señor de Charny?
—Nada, señora; no haré en el porvenir más de lo que hice en el pasado.
—¿No le diréis ni le haréis sospechar que le amáis?
—A menos que él mismo venga a decirme que me ama, no, señora.
—¿Y si viene a deciros que os ama, o si le decÃs que le amáis, me juráis…?
—¡Oh!, señora —exclamó Andrea interrumpiendo a la Reina.
—SÃ, tenéis razón —dijo MarÃa Antonieta—, sÃ, amiga mÃa, soy injusta, exigente y cruel. ¡Oh!, pero cuando todo me abandona, amigos, poder y reputación, yo quisiera al menos… ese amor al que sacrificarÃa mi buen nombre y mi posición, yo quisiera conservarle.
—Y ahora, señora —dijo Andrea con esa frialdad glacial que no la habÃa abandonado un solo instante cuando habÃa hablado de los tormentos sufridos por ella—, ¿tenéis que pedirme algunos nuevos informes o transmitirme otras órdenes?