La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Gilberto había leído rápidamente el billete de Mirabeau, volvió a leerle más despacio por segunda vez, lo guardó en bolsillo de su casaca, y deteniendo un coche de plaza, ordenó que se le condujese a las Tullerías.
Al llegar encontró todas las verjas cerradas y los centinelas dobles, de orden del señor de Lafayette, quien sabiendo que había perturbación en París, comenzó por atender la seguridad del Rey y de la Reina, dirigiéndose después al sitio donde se produjo el motín.
Gilberto se dio a conocer al conserje de la calle de la Escala y penetró en las habitaciones.
Al verle, la señora Campan, que había recibido la orden de la Reina, le salió al encuentro e introdújole al punto. Weber, obedeciendo a la soberana, había ido a buscar más noticias.
A la vista de Gilberto, María Antonieta profirió una exclamación.
Una parte del traje del doctor se había desgarrado en la lucha que debió sostener para salvar al infeliz panadero, y en su camisa veíanse algunas gotas de sangre.
